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Alzheimer y cannabis de uso medicinal.
Cómo puede ayudarte a mejorar tu calidad de vida.
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La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más común de demencia y una de las principales fuentes de morbilidad y mortalidad en la población que envejece. La EA es cada vez más frecuente a medida que avanza la edad, y su carga global es considerable en todo el mundo. Se estima que en todo el mundo hay 47 millones de personas afectadas por la demencia. La prevalencia de la demencia estandarizada por edad oscila entre el 5 y el 7 por ciento en la mayoría de los países desarrollados, mientras que la incidencia específica de demencia por edad osciló entre un mínimo de 5 de 1000 para individuos de 65 a 70 años y un máximo de 60 a 80 de 1000 para los de 85 años o más.


Diversos factores pueden influir en el riesgo de EA, como la hipertensión, la dislipidemia, las enfermedades cerebrovasculares, la alteración del metabolismo de la glucosa y los traumatismos cerebrales. Muchos de estos factores de riesgo parecen ser más relevantes cuando están presentes en la mediana edad. Se ha calculado que hasta un tercio de los casos de EA en todo el mundo podrían atribuirse a factores de riesgo modificables como la diabetes, la hipertensión en la mediana edad y la inactividad física.


La forma de presentación más típica y frecuente es la amnésica. Lo hace con pérdida progresiva de la memoria reciente, así como de la capacidad para retener información nueva. También están descritas otras formas posibles de comienzo en las que los síntomas predominantes afectan al lenguaje, al área visoespacial o a las funciones ejecutivas, como son la realización o elaboración de planes y ejecución de tareas.


Muchos de los síntomas se inician años antes de que los pacientes obtengan el diagnóstico, entre ellos, los cambios de humor, trastornos del sueño, ansiedad o depresión.


La EA se caracteriza por la acumulación de amiloide-β y Tau, así como por la neuroinflamación y el estrés oxidativo. No existen fármacos disponibles que modifiquen el curso de la enfermedad y los existentes solo ejercen un beneficio escaso sobre sus síntomas. Su manejo adecuado puede mantener de forma más prolongada la independencia y la calidad de vida de los enfermos, así como retrasar su institucionalización.

Los estudios realizados con cannabidiol (CBD) demuestran la capacidad del CBD para reducir la gliosis reactiva y la respuesta neuroinflamatoria, así como promover la neurogénesis, lo que se asocia a la prevención del desarrollo cognitivo actuando como un neuroprotector y reduciendo a la neurodegeneración cortical y del hipocampo debido a sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes.
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